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Por un connubio durable de la naturaleza y la cultura
Edgar Montiel
Fuente: http://www.mondialisations.org 14-03-2005
Una oposición que
ha devenido clásica en las discusiones éticas y políticas contemporáneas es la
que opone una visión comunitarista a una visión universalista. Sin entrar en
detalles, podemos decir que la visión comunitarista excluiría las diferentes
posiciones universalistas, pues en principio los valores de una determinada
comunidad no son comparables a los de otra(1). Algo más, al no ser comparables
los únicos medios de legitimación con los que cuenta una comunidad brotan de
ella misma, es decir, de sus historia y su geografía Ejemplo de esto son las
costumbres, tradiciones, usos y formas de vida que determinan el comportamiento
de los miembros de una comunidad, así como su interacción con la
naturaleza.
El antagonismo entre comunitaristas y universalistas es
insostenible actualmente. Frente a un mundo agobiado por problemas de escala
planetaria es poco consistente seguir sosteniendo la primacia de una de estas
concepciones frente a la otra. Los actuales problemas ecológicos, los cuales
pueden ser determinantes para nuestra sobrevivencia como especie, hace que
adoptemos un punto de vista de armonización entre los valores y
tradiciones que emanan de las diferentes comunidades y los principios
universalistas de salvaguarda y de protección a escala planetaria del medio
ambiente y la biodiversidad. Por ejemplo, la emisión sin control del monóxido de
carbono, la destrucción de grandes reservas naturales, el uso indiscriminado de
materiales tóxicos, todo ello producto de una visión productivista del
desarrollo basada en el continuo avance de la explotación y dominio técnico de
la naturaleza por parte del hombre, nos conduce a un planteamiento global
de los problemas medioambientales que tenga como sustento el desarrollo
sostenido, es decir un desarrollo que responda a las necesidades del presente
sin comprometer las capacidades de las generaciones futuras. Antes de pasar al
desarrollo de esta idea, veamos las raices del dominio técnico de la naturaleza,
como fenómeno mismo de la modernidad.
El dominio de la naturaleza
como programa de la modernidad
A menudo, una frase puede sintentizar
el pensamiento de un autor o el espíritu de una época. Se podría resumir el
pensamiento idealista de Hegel diciendo que ‘todo lo racional es real y todo lo
real es racional’. Sin embargo, en el caso de Descartes, además de su
‘cogito, ergo sum’, de su ‘pienso, luego existo’, signo de los
nuevos tiempos de subjetividad, surge como expresión complementaria su aserción,
“el hombre será como ‘amo y poseedor de la naturaleza’”, profecía acerca
de la instalación de la técnica en el mundo. En efecto, a partir de la
separación de la realidad en dos sustancias, aquella que piensa (el hombre), y
aquella que no piensa (todo objeto que presente una extensión espacial), se crea
una nueva forma de concebir la realidad. La superioridad del ser humano se basa
en que él, a diferencia de otros seres, es capaz de pensar, es decir de
imaginar, de saber, de ser libre. Los demás seres, que conforman esa totalidad
llamada naturaleza, pasan a ser objetos de su dominio pues son “ontológicamente
inferiores”. Descartes no hace más que profetizar los tiempos que han de venir,
los cuales serán más técnicos que el suyo. Con el paso del tiempo, la capacidad
del ser humano de intervenir sobre el mundo natural se ha incrementado de manera
exponencial con el progreso de la técnica. No hay prácticamente comunidades que
no se vean afectadas por lo que hace el hombre en otras latitudes. Su influencia
ha pasado de un nivel local a un nivel global. En suma, el cartesianismo -
encarnado hoy en los abanderados del mercado global- es pues planetario,
es pragmático y dominador.
Surge entonces la pregunta: ¿es posible de
algún modo controlar la técnica para el beneficio del Hombre? La respuesta
quizás está íntimamente ligada a la posibilidad de armonizar los valores y
tradiciones que emanan de las diferentes comunidades, -tradiciones y valores
que nos han sido heredados de una época en la cual el hombre vivía en un diálogo
respetuoso con el mundo natural- y los principios universalistas de
salvaguarda y de protección a escala planetaria de la naturaleza. Sólo mediante
la búsquedad de un diálogo real de saberes, es decir un diálogo entre el
conocimiento ancestral y la ciencia occidental, puede el hombre, desarraigado de
la tierra por el avance inexorable de la técnica, crear soluciones a los nuevos
desafios de uso y conservación de la naturaleza. Este intento de armonización
entre técnica y conocimiento heredado, entre valores emanados de la comunidad y
principios universalistas de salvaguarda del medio ambiente, están sintetizados
en la noción de desarrollo durable.
Reconciliar el Hombre con la
Naturaleza y el Tiempo
Es frecuente confundir crecimiento económico
con desarrollo. Una región del planeta puede presentar un fuerte crecimiento
económico, pero este crecimiento puede engendrar numerosos problemas como la
destrucción del contexto natural o un incremento de la desigualdad en vastos
sectores de la población. Es por esto que nuestra noción de desarrollo
considera no sólo el incremento de indicadores cuantitativos de la economía (lo
cual haría equivalente este término a un mero crecimiento económico), sino
también en su impacto social, reflejado necesariamente en una mejora de la
calidad de vida de la población. Además, una condición básica para el
desarrollo es que éste debe ser durable, es decir, caracterizado por una
dinámica que responda a las necesidades del presente sin comprometer las
capacidades de las generaciones futuras. La noción de desarrollo durable
puede ser resumida en cuatro imperativos. Una discusión acerca de cuál de los
cuatro imperativos es más importante nos conduciría a una aporía sin solución.
Es necesario por consiguiente intentar reconciliarlos, sin que ello implique la
anulación o disminución de uno de ellos frente a los otros. Los imperativos para
un desarrollo durable pueden ser resumidos de la siguiente forma :
a. El
imperativo ecológico de preservación de la biodiversidad y de vivir
dentro de las posibilidades biofísicas que nos ofrece nuestro planeta. Esto
último quiere decir que debemos considerar que vivimos en un mundo cuyos
recursos biológicos no son inagotables o regenerables de forma espontánea.
b. El imperativo social de garantizar el desarrollo de sistemas de
gobierno que puedan, de forma efectiva, fomentar la cohesión de los pueblos y
gobernar en consecuencia con un saber holístico, es decir, donde las
decisiones políticas tengan en cuenta el conjunto de la realidad Es el
principio de gobernar es saber. c. El imperativo económico de
garantizar a escala planetaria la reproducción permanente de la base material
para la vida del Hombre y en especial su sustento alimenticio. d. El
imperativo cultural de preservación y renovación del patrimonio tangible
e intangible, de los saberes acumulados, de la identidad y la diversidad
culturales(2).
Los cuatro principios antes mencionados, que constituyen
cuatro desafíos cruciales, se interpelan entre sí. Si no satisfacemos el
imperativo económico, no podríamos satisfacer las necesidades básicas de gran
parte de la población, si no seguimos el imperativo ecológico corremos el riesgo
de destruir los sistemas de vida necesarios para nuestra supervivencia, sin el
imperativo social y cultural el ser humano no tendría una guía suficiente para
conducirse en la vida en lo individual y colectivo. Un crecimiento equitativo y
armónico de los recursos ecológicos, económicos, sociales y culturales que posee
una determinada comunidad es fundamental para la puesta en marcha de un
desarrollo realmente duradero.
Es interesante ver también cómo, a escala
planetaria, existe una toma de conciencia de que “vivir en un medio ambiente
equilibrado y respetuoso de la salud” es un derecho inalienable del ser
humano, derecho que se inserta hoy en la propia gobernabilidad política de un
pueblo. Un ejemplo de esto, es la aprobación de la Carta del Medio Ambiente
propuesta por el presidente francés, el 28 de febrero de este año. Por
primera vez, se ha incorporado a la constitución política de una nación una
serie de principios de protección del medio ambiente. De esta manera, Francia ha
dado un paso importante en la gestión política del contexto natural como un
bien público global, y como contribución a la gobernancia global
en la medida que estos fenómenos trascienden las fronteras físicas de los
países y requieren de una acción conjunta interestatal. En esta Carta, se
estipulan puntos de avanzada como el principio de precaución, el cual
puede ser visto como una referencia en la busqueda de un equilibrio entre el
empleo de la tecnología y la preservación de los espacios naturales. Es así como
en el artículo 5 de la Carta del Medio Ambiente podemos leer lo
siguiente:
Ante la realización de un perjuicio que podría afectar de
manera grave e irreversible el medio ambiente, aún siendo éste incierto por el
estado de conocimiento científico, las autoridades públicas deben permanecer
vigilantes de modo que pongan en práctica, aplicando el principio de precaución
y en los campos de su competencia, procedimientos de evaluación de riesgos así
como la adopción de medidas de previsión proporcionales, a fin de evitar la
realización del perjuicio.
La aplicación del principio de precaución
en contextos como la Comunidad Andina podría ser útil, por ejemplo, para la
evaluación previsora en casos de posible riesgo de contaminación ‘grave e
irreversible’ de los recursos hídricos de un ecosistema por parte de una empresa
minera, caso lamentablemente frecuente en nuestros países, o el impacto
ecológico que puede causar la introducción de nuevas especies de plantas o
animales a los ecosistemas de la Región.
El imperativo ecológico
y la posibilidad de un Nuevo Mundo
Podemos recurrir al informe
internacional The World Ahead: Our Future in the Making, publicado en
español con el título Un Nuevo Mundo, como guía para nuestro estudio del
imperativo ecológico de preservación de la biodiversidad, de manera que
pueda ser enlazado con facilidad con los otros imperativos. Entre las
recomendaciones dadas en este informe, hay cuatro que es necesario destacar pues
dejan notar con claridad la unión entre la preservación del medio ambiente y de
la biodiversidad y el desarrollo durable :
1. Favorecer el mantenimiento
de grandes reservas genéticas, in situ y ex situ, no sólo para los cultivos
importantes, sino también para la conservación de numerosas especies vegetales y
animales aparentemente no rentables. 2. Reunión y difusión de los saberes
tradicionales relativos a las especies cultivadas y los usos agrícolas,
alimentarios y medicinales de las diferentes culturas del mundo. 3.
Establecer una moratoria sobre la patentabilidad del patrimonio genético. 4.
Impartir formación en torno a las exigencias de la agricultura moderna, que
complemente en el medio rural la educación básica, a fin de asegurar la
continuidad de la revolución verde y la iniciación a las
biotecnologías(3).
Las recomendaciones dadas por el informe Un Nuevo
Mundo pueden ser relevantes para el desarrollo de estrategias coherentes en
cuanto al medio ambiente y la biodiversidad. En lo que sigue, se dará algunas
pistas de cómo cada una de estas recomendaciones podrían llevarse a cabo en
nuestro espacio y tiempo vitales.
Desarrollo durable y gestión
comunitaria
Para que el desarrollo durable sea viable a nivel de la
preservación de los grandes equilibrios naturales, es prioritario proponer su
conservación basada en la intervención de comunidades nativas (las siglas en
inglés son CBC, community-based conservation). Las comunidades locales, en
especial aquellas que poseen una tradición ancestral en el uso de los recursos
en una determinada area, tienen un conocimiento profundo y comprobado en los
diferentes hábitats y ecosistemas naturales, cuya experiencia resulta
indispensable para la conservación de éstos. La experiencia demuestra que la
conservación basada en la intervención de comunidades nativas pueden ser
económicamente rentable(4). Además, el fomento de este tipo de conservación
involucra a la población en actividades que puedan impedir la tala
indiscriminada o la caza furtiva , y por otra parte, su participación en
actividades regenerativas y de conservación. Un ejemplo de esto son las
estrategias indígenas del uso del bosque en la Amazonía, descritas por Carlos A.
Rodríguez y Clara Vander Hammen en su artículo Biodiversidad y manejo
sustentable del bosque tropical: “los recursos del bosque deben conservarse
como tal para que haya siempre comida para todos los seres que lo habitan y no
sólo los seres humanos. Es necesario rescatar los modelos indígenas de manejo de
los sistemas agricolas, de manejo de los peces y en general los relacionados con
el manejo de animales de la selva los cuales han demostrado durante centenares y
miles de años su aplicabilidad y éxito”(5). Es poco realista asumir que la
conservación de la naturaleza por el sistema de reservas o santuarios, sólo es
posible por medio de la exclusión de actividades humanas o de grupos de
población residentes en estos sistemas. En la mayor parte de veces las reservas
naturales están en zonas ocupadas por comunidades indígenas. Un ejemplo de esto
son las numerosas comunidades indígenas de la selva amazónica. En el caso
peruano, no menos de 42 grupos aborígenes subsisten en base a la oferta natural
que les brinda la extracción de productos naturales de los ecosistemas
amazónicos. De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística del Perú (INEI), en
la selva amazónica peruana se extrae al año un promedio de 30 mil toneladas de
pescado y se benefician unas 7 mil toneladas de carne de monte o carne
silvestre, lo que representa una cantidad cinco veces superior a la producción
ganadera amazónica del país. Otro tanto sucede con la pesca artesanal, heredada
de culturas milenarias como la Mochica o Paracas, la cual representa una de las
fuentes alimenticias y económicas más importantes para este tipo de
comunidades.
Biodiversidad: recurso estratégico del siglo
XXI
Nuestra región es una potencia a nivel mundial en recursos
genéticos. El área andina cuenta con 25% de la biodiversidad del planeta. Esto
ha sido confirmado por los expertos internacionales(6). La megadiversidad
producida por los múltiples climas y pisos ecológicos con que cuentan nuestros
países alcanza no sólo la flora y la fauna terrestre sino también la
biodiversidad del mar(7). Es necesario por tanto una estrategia–científica,
económica y política- coherente y de largo plazo que involucre a los diferentes
países de la región afin de resguardar este inmenso capital genético. Una
experiencia que puede servir de modelo para la región es Brasil, que posee un
marco legal definido para la defensa de su vasta biodiversidad(8). De esta
manera, se han creado organismos oficiales encargados de administrar los
recursos genéticos. Si una determinada empresa desea hacer uso de los
componentes genéticos de una especie, debe pedir una licencia de acceso a la
transferencia de patrimonio genético.
Respecto al mundo andino, la clara
ventaja competitiva frente a otras regiones, representada por su
megabiodiversidad, corre el riesgo de ser aprovechada por terceros, si las
autoridades no se deciden a formular un marco legal riguroso afin de proteger la
biodiversidad, los componentes genéticos de la misma, así como el saber
tradicional acumulado en cuanto al manejo de las diversas variedades de la flora
y fauna. Es necesario concebir la biodiversidad como un factor estratégico
de desarrollo económico, además de un excepcional recurso patrimonial
heredado. En este sentido, una experiencia exitosa es el mundialmente conocido
Centro Internacional de la Papa, fundado en 1971. Gracias a él y a hombres con
visión como el ingeniero Carlos Ochoa, la comunidad andina cuenta ahora con el
banco genético de papa más grande del mundo(9). De esta manera, se logró
clasificar más de 12 mil muestras de papas nativas cultivadas, agrupadas en once
especies así como 1700 colecciones de papas silvestres. Además se estudia otras
especies domésticas o silvestres originarias de la región como la oca, la
mashua, la maca o el yacón. Es necesario notar que el CIP lleva a cabo también
una política coherente de protección del germoplasma preservado. La preservación
del germoplasma es vital, pues la desaparición de las distintas variedades de
una misma planta debido a procesos de deforestación, sequía, mal manejo de los
recursos hídricos, etc. llevaría a un empobrecimiento de la misma y a la
imposibilidad de crear, a partir de los cromosomas de las variedades primitivas,
nuevas variedades que sean resistentes –por ejemplo- a las pestes y a las
enfermedades. Es prioritario por tanto la creación de centros de investigación
semejantes a fin de preservar la riqueza genética de otros tipos de plantas
nativas.
Saber tradicional y biodiversidad
Persiste
aún cierta visión ingenua de la naturaleza. Se cree, por ejemplo que las
diferentes variedades comestibles de la papa han existido desde siempre
tal como hoy los conocemos, sin sufrir ninguna modificación por parte del
Hombre. Lo cierto es que este es el producto de miles de años de selección y de
domesticación que comenzó en los albores del neolítico. Un ejemplo ostensible
del uso del saber tradicional en la domesticación de la flora son las más de 155
especies de plantas nativas domésticas cultivadas durante la época prehispánica
en el area andina. Plantas cultivadas a lo largo del mundo desde el siglo XVI,
como la papa, el maíz, el camote, el fríjol, el pallar, el zapallo y el tomate
constituyen aportes de los Andes a la humanidad. Los numerosos grupos aborígenes
y comunidades de la Amazonía, de la costa, y de los Andes conocen el uso de más
de 4 mil 500 plantas nativas. Son numerosas las comunidades originarias que han
herederado patrones alimenticios, medicinales, económicos, con actividades
artesanales e industriales, que dependen de la extracción de productos naturales
de los ecosistemas. Hasta hace un par de siglos la dieta alimenticia del ser
humano estaba compuesta de más de trescientas variedades de plantas. Ahora no
comemos más de una docena, y nos hemos atiborrado de productos procesados y
conservas. De esta manera, el patrimonio genético de la biodiversidad agricola
ha ido disminuyendo rápidamente. Según la FAO, desde 1900, ha desaparecido el
75% de la diversidad genética de los cultivos agrícolas.
El declive en
la biodiversidad agrícola se explica por diversas razones: sistema de
explotación industrial agricola basada en la gran extensión de
monocultivos, el uso indiscriminado de la biotecnología que hace ‘más
rentables’ ciertos cultivos en desmedro de otros, el cambio de hábitos
alimenticios ligados a cambios de paradigmas culturales o económicos. Otro
tanto sucede con el auge de la ahora llamada “medicina tradicional”, que ha sido
la medicina de siempre, y que en América nos ha dado recursos para poder
curarnos. El saber medicinal eficaz, acumulado por curanderos y chamanes durante
siglos, puede perderse hoy por los embates de una medicina basada en el
rendimiento económico que pretende, en el nombre de la “medicina suave” la
explotación intensiva y desordenada de plantas.
Estos hechos dejan clara
la necesidad de crear un Programa Andino de Centros de Preservación tanto
del material genético como del saber acumulado por los pueblos andinos durante
siglos. Además, es menester fomentar la creación de bancos de germoplasma de las
especies endémicas de la región, así como establecer el derecho que tienen las
diversas comunidades originarias sobre las mismas. Una política realmente
efectiva en cuanto al uso de la biodiversidad es aquella que se centra en el
registro a nivel nacional de las características genéticas de una especie
de planta, verdadero objetivo de los ‘biopiratas’. Esta propuesta podría ser
considerada como una primera medida para mantener bajo soberanía los inmensos
recursos biológicos y genéticos con que cuenta la región así como el uso
derivado de estos. La segunda es poner esta biodiversidad biológica en función
de objetivos de desarrollo económico, social y de salud, y darle, para su acceso
al mercado mundial, todo el valor agregado local posible, gracias al
conocimiento, la ciencia y la técnica.
Para concluir, vale recordar el
artículo primero de la Declaración universal de la Unesco sobre la diversidad
cultural donde se establece un paralelismo pertinente entre la diversidad
biológica y la diversidad cultural. Al ser fuente de intercambio, de innovación
y de creatividad, la diversidad cultural es, para el género humano, tan
necesaria como la diversidad biológica para los organismos vivos. El ser humano
tiene la obligación de preservar ambas diversidades, pues constituyen su
patrimonio común, el cual debe ser reconocido y consolidado en beneficio de las
generaciones presentes y futuras.
(1)En
el capítulo « El retroceso del universalismo », del libro Après l’empire,
Emmanuel Todd recuerda el móvil esencial del universalismo : « Una de las
fuerzas esenciales de los imperios, principio a la vez de dinamismo y de
estabilidad, es el universalismo, la capacidad de tratar de manera igualitaria
hombres y pueblos. Una tal actitud permite la extensión contínua del sistema de
poder, por la integración al núcleo central de los pueblos y de los indiduos
conquistados ». Editions Gallimard, Paris, 2004. (2)La noción de
reconciliación de imperativos como parte de un desarrollo sostenido se encuentra
en el artículo de Ann Dale: Biodiversity and sustainable development. En Our
Fragile World, M.K.Tolba (editor), Eolss y Ediciones Unesco, Oxford 2001. A
los tres mencionados por la autora, hemos agregado un cuarto : el imperativo de
preservación y renovación del patrimonio tangible e intangible, propuesto por la
UNESCO en la cumbre de Johannesburgo (septiembre de 2002). Ver Cultural
Diversity and Biodiversity for sustainable Development UNESCO/UNEP, january
2003. (3)Mayor Zaragoza, F, Bindé, J. et alii. Un Nuevo Mundo.
Círculo de Lectores y Ediciones Unesco. Barcelona 2000. (4)Kothari, A
(editor).Communities and conservation : natural resouce management in South
and Central Asia. Sage Publications y Ediciones Unesco. Londres 1998.
(5)Restrepo, R (compilador). El vuelo de la serpiente. Siglo del Hombre y
Ediciones Unesco. Bogotá 2000. (6)Esta cifra es proporcionada por el Comité
Andino de Autoridades Ambientales (CAAAM) (7)Una muestra es el aceite de
hígado de pescado de anchovetas y sardinas, conocido como Omega 3, proveniente
de los mares de la costa andina, con propiedades curativas y preventivas para
los ataques del corazón y las isquemias así como rico en moléculas
anticancerógenas. (8)El plan « Amazonia sostenible » busca conciliar bajo un
marco legal la conservación de la selva y el desarrollo económico. La ausencia
de una legislación adecuada permitió, entre 1970 y 2004, la desaparición de 670
000 km² de los 3 680 000 km² de selva amazónica con la que cuenta Brasil.
(9)En él se guardan más de 1500 muestras de aproximadamente cien especies
silvestres recolectadas en ocho países de América Latina.
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