Aprovechando su reciente nombramiento en la Comandancia General del Ejército,
lo saludo atentamente mi Gral., y seguidamente paso a tratar algunos aspectos
que considero preocupantes para la seguridad de nuestro país y sobre los cuales
nuestro Ejercito debería tener injerencia. Especialmente me estoy refiriendo a
la situación actual con respecto a Chile, y la influencia que los problemas
entre Chile y Bolivia podrían acarrear para el futuro del Perú.
Es un hecho objetivo, que nos encontramos invadidos económicamente por Chile
y que para ellos “la seguridad nacional consiste entre otras cosas, en la
protección de sus inversiones económicas en el exterior”. Las recientes
adquisiciones militares realizadas por las Fuerzas Armadas de Chile y su
desarrollo tecnológico en la fabricación de material militar, sobrepasan
ampliamente la idea de “renovación de material antiguo” y resultarán un
contundente respaldo para las decisiones políticas que tomen sus gobiernos de
turno. Por otro lado, existe una situación no resuelta en el tema de la
apropiación ilegal de nuestro mar territorial, el cual, en la práctica se ha
visto reducido por la intervención de una armada Chilena amenazante en nuestras
costas.
A esta delicada situación entre nuestro país y el fronterizo del Sur, se ha
sumado recientemente el reclamo Boliviano por una salida soberana al Pacífico
(problema subistente de la guerra con Chile), que puede llegar a involucrarnos
directamente. Las gestiones de carácter reivindicativo a nivel internacional que
viene realizando la república de Bolivia, si bien se dan en una situación de
inestabilidad política interna, no dejan de ser legítimas. Sin embargo, lejos de
reivindicar una salida soberana por sus antiguos territorios, todo hace pensar,
que el ansiado “corredor soberano” sería atravesando Arica, asunto sobre el
cual, necesariamente deberemos pronunciarnos.
Asimismo, el asunto del gas boliviano y su búsqueda de una salida al océano
Pacífico es un tema de serias implicancias geopolíticas, su importancia no está
en las “regalías”, sino en las consecuencias del abaratamiento de los costos de
generación de energía, que a su vez repercutirán en los costos de explotación
del cobre, entre otros. Además de ser un recurso estratégico importante, la
salida del gas por Chile, fortalecerá económicamente el norte chileno en
desmedro del sur peruano, lo que a su vez, generaría una relación de mayor
dependencia con respecto a Chile.
Estos dos temas, podrían, desde mi punto de vista, estar siendo manejados de
manera conjunta. Pensar que en todo este escenario, el tema de la salida del gas
boliviano no tiene relación, sería un grave error.
El cuestionable tratado del 29, señala que Arica no puede ser cedida total o
parcialmente a terceros sin nuestra aprobación, allí pues, reside nuestro
vínculo irrenunciable y soberano con esta porción de territorio nacional
cautivo. En tal sentido, debemos tener presente que dentro de la esencia misma
de la República, la soberanía es irrenunciable, y esa debiera ser la
posición institucional frente a cualquier decisión política contraria. Es decir,
que si se logra un entendimiento entre Chile y Bolivia, para un corredor por
Arica, este no deberá ir en detrimento de nuestro vínculo con Arica como unidad
que incluye al posible “corredor”; y menos aún, si esto conlleva una
compensación territorial o de otra índole (salida del gas) en beneficio de
Chile, pues con ese mismo criterio el Perú podría alegar a Bolivia lo mismo, ya
que nosotros también estaríamos renunciando a nuestra participación en dicho
corredor.
En tal sentido, en los momentos actuales, la capacidad operativa de nuestro
Ejército cobra vital importancia para poder respaldar holgadamente las
definiciones patrióticas que deben darse en su momento. Pese a tener la
convicción de que un probable conflicto armado con Chile, no es deseable para el
país, este podría resultar inevitable. No está demás recordar, la similitud de
este período con el pasado histórico previo a la guerra con Chile de 1879. Es
por estas razones, que respetuosamente sugiero lo siguiente:
a- Expresar públicamente y a la brevedad, la posición institucional
con respecto al tema de la situación de Arica. De no hacerlo así, si los
posibles acuerdos entre Bolivia y Chile nos aventajan en el tiempo, cuando
nuestro gobierno se pronuncie, lo hará prácticamente ante hechos consumados.
Esto podría indisponernos ante los dos países y la comunidad internacional, pues
la posición peruana “arruinaría el acuerdo previo” entre ambos.
b- Como medidas preventivas, dos acciones inmediatas deberían tenerse
en cuenta:
Realizar las adquisiciones necesarias,que seguramente se encontrarán
previstas y programadas, para evitar que se pudiera repetir los errores
cometidos en 1879. La importancia del asunto, se antepone al presupuesto
asignado. En este caso, el costo de no invertir ahora, podría resultar una
calamidad nacional para el futuro.
Retomar el Servicio Militar Obligatorio, a fin de poder completar nuestros
efectivos correspondientes al corto plazo.